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viernes, 20 de mayo de 2011

De cómo la oruga se negó a ser mariposa

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Tenía a-formas en blanco y negro
Cabello rizado esparcido en libros viejos,
Y un trozo de cristal quebrado como corazón.
Usaba sombrillas de bugambilia en los días soleados,
Jugaba con lirios entre los lagos,
Se  enraizaba fuerte en los encinos.

Tenía cuatro piernas y la esperanza perdida,
Vestía de flores en los días nevados,
Ojos violetas, manos frías,
Su luz se apagaba entre la luz de los abetos…

Se negó a ser mariposa y volar con alas celestes,
Renuncio a la libertad del viento,
Abrió su carne con las ramas de encino,
Se cubrió de hojas secas y silencios.

La oruga se cubrió de carmín,
Con su soledad en la noche lluviosa
Fue tejida por una araña
Y devorada por las hormigas…

Paola Klug

miércoles, 27 de abril de 2011

“La bruja Antipirina”

[Rebecca+Artemisa+Urias+-+dramatic+december+escape+plan.jpg]


Escuchaba a la mujer cantando de mujeres cuando ella apareció en la ventana de madera,
Viajaba con fantasmas y sopló nubes en mi café. 

-Acércate niña de instantes- me dijo con su voz de caracola.

 Caminé hacia ella y la invité a pasar.

Puso sus enormes pechos sobre la mesa circular, yo veía todo a través del vaso de leche a medio llenar.

-Eres un retrato azul con memoria falsa-me dijo- te cambio mis ojos vendados por el tutú de tu álbum familiar.

-¡Es imposible el trato! –Reclamé- ¡con él he cabalgado dinosaurios!

-Con la venda domarás ballenas…

Medité un minuto y me mire al espejo. En mi cabeza había crecido un árbol, tenía flores negras, hojas moradas y el cuerpo disecado de un pajarillo lunar.

-¿Qué me has hecho bruja antipirina? dije sollozando.

-Lo mismo que le hice a Aracne, pero ella ha aprendido a seducir moscas… 

Sus risotadas retumbaron como truenos por toda la ciudad.

-¡No quiero tener la cabeza de árbol! ¡Quiero volver a ser yo.!

-Y ¿Qué eres tú? 

-¡La niña de instantes!, Quiero de vuelta  mis botones heridos y mis ojos de bola de cristal.

-Imposible, desde hoy tejerás suéteres para perro con tus cabellos.

Yo lloraba, pero la luz de su regordeta pierna me hacía suspirar….

De pronto recordé mi sombrero mágico, me lo obsequió el diablo cuando lo deje brincar en mi viejo colchón. Se lo ofrecí a la bruja antipirina como muestra de hospitalidad…

-Bruja antipirina, mi cabeza es un árbol, este sombrero ya no me servirá más. Te lo regalo.

La bribona sonrió y lo colocó en sus blancos cabellos. Se fue haciendo pequeña, cada vez más pequeña hasta desaparecer. Metí mi mano en el vacío, encontré un cubo de azúcar, dentro de él sonreía la bruja antipirina. Me enfade. Fue tanta mi rabia que la avente dentro de mi café. Bebí lentamente sin derramar una gota. Mis hojas y mis flores desaparecieron, no tenía más ramas cerebrales ni pájaros lunares. Soy la jaula de la bruja antipirina en las mañanas, por la tarde domo ballenas y dragones.

Paola Klug

sábado, 23 de abril de 2011

"Verdadero Cuento de Hadas"

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Anaïs era una niña como cualquier otra, usaba vestidos largos y moños en su cabello. Le gustaban las muñecas, los helados, dar brincos entre los charcos de lluvia a escondidas de su madre, pero más que nada Anaïs amaba los cuentos de hadas.

Cada noche antes de cerrar los ojos, hacia volar su imaginación hasta un reino lejano, donde se encontraba el príncipe azul que la rescataría de las brujas malvadas, de los dragones, espinas, manzanas envenenadas, lobos y demás monstruosidades que atentaban contra el amor eterno y la felicidad.
Así creció Anaïs, viviendo de historias falsas y ajenas…

Una tarde nublada, al salir de la escuela por descuido se le cayeron los libros sobre el pavimento mojado, un joven de lentes y suéter a cuadros acudió a su ayuda, si, era el príncipe.
Desde ese día la dulce Anaïs comenzó su historia de amor, globos, cartas, poemas, cine y ferias fueron algunos de los escenarios de su historia rosa, el príncipe era cada vez más encantador, y una noche cualquiera en la parte trasera del “carruaje japonés” de su amado, decidió entregarse a él.

Anaïs no sabía que a él se le entregaban muchas, ni que el príncipe no compartía el gusto por las historias eternas. Así que  pocos días después del importante evento, el galante caballero la dejo hecha un mar de llanto en el parque de la colonia. 

Nauseas, cansancio, depresión y una prominente barriga, Anaïs estaba embarazada y del príncipe nada se sabía.

Intervinieron los padres, los hermanos, las familias escandalizadas de un lado a otro, pero ella, ella solo podía pensar que aquello era irreal, las princesas no sufrían…

No hubo vestido blanco, ni flores, ni peinados magistrales. Un pantalón con elástico en el vientre, un blusón floreado y un juez en el registro civil. El príncipe ya no la veía, apenas le dirigía la palabra.